San Valentín, otra vez San Valentín
Psicóloga Rosario Bazán en Estepona, Marbella y Málaga. Consulta de psicología y terapia Gestalt. Talleres de grupo, risoterapia y meditación. Te apoyo a buscar tu autoconocimiento.
Psicóloga en Estepona, Psicóloga en Marbella, psicología, terapia gestalt Estepona, Terapia de pareja Estepona, Terapia infantil Estepona, Taller de Meditación Estepona, Taller de Risoterapia Estepona, Talleres de grupo Estepona, Terapia individual Estepona.
21285
wp-singular,post-template-default,single,single-post,postid-21285,single-format-standard,wp-theme-hazel,hazel-core-1.0.7,ajax_fade,page_not_loaded,,select-theme-ver-4.7,wpb-js-composer js-comp-ver-7.1,vc_responsive
 

San Valentín, otra vez San Valentín

San Valentín, otra vez

San Valentín, otra vez San Valentín

San Valentín.

Otra vez San Valentín.

Otra vez la fecha marcada en rojo.
Otra vez los escaparates gritando “amor”.
Otra vez la sensación de… “toca”.

Y ahí es donde quiero pararme contigo.
Un momento.
Sin prisa.
Como quien se sienta en el borde de la cama y dice:
“¿Podemos hablar en serio, pero sin dramatismos?”

Porque a veces confundimos amor con gesto.
Y gesto con regalo.
Y regalo con prueba.
Y prueba con “si no lo haces, entonces…”.

Y no.
No siempre.

San Valentín puede ser bonito, sí.
Pero también puede ser una trampa con lazo.
Una trampa suave.
De las que no duelen… hasta que te das cuenta.

Porque la pregunta no es “¿qué me regalas?”.
La pregunta es:
“¿Cómo me tratas?”

¿Cómo me tratas un lunes.
Un miércoles.
Un domingo con sueño.
Un día normal.
Un día de esos que no salen en Instagram.

Ahí vive el amor.

En lo pequeño.
En lo repetido.
En lo cotidiano.

Y esto es clave:
el amor real no se demuestra una vez.
Se demuestra muchas.
Muchas veces.
Muchísimas.

Como el cepillo de dientes.
No sirve lavarse los dientes solo el 14 de febrero.
Qué espectáculo.
Qué sonrisa.
Y qué caries el 15.

Con el amor pasa igual.

No es un ramo hoy y silencio mañana.
No es una cena cara y desprecio en casa.
No es un “te quiero” en grande y un “te aguanto” en pequeño.

El amor se nota en lo repetido.
En lo que vuelve.
En lo que se sostiene.

Respeto.
Cuidado.
Detalles inesperados.

Y ojo: detalle no es comprar.
Detalle es ver.
Detalle es escuchar.
Detalle es acordarte.
Detalle es hacer espacio.

Detalle es:
“Te he guardado el trozo que te gusta.”
“¿Cómo te fue de verdad?”
“Hoy te noto raro, ven, cuéntame.”
“Gracias.”
“Perdón.”
“Estoy aquí.”

Eso es amor.
Y eso no necesita calendario.

Porque cuando el amor sale por obligación…
sale raro.
Sale torcido.
Sale con factura.

Es como dar un abrazo mirando el reloj.
Como decir “te quiero” con cara de “cumplo y me voy”.
Como regalar algo con el subtítulo:
“Ya está. He hecho lo que tocaba.”

Y lo que no sale de dentro…
no es auténtico.
No es real.
No transforma.
No alimenta.

Y aquí viene una verdad incómoda, pero liberadora:
no es una obligación regalar nada por San Valentín.

No lo es.

No es ley.
No es contrato.
No es prueba de amor.
Es una opción.
Una posibilidad.
Un “si me nace”.

Y si no te nace, también está bien.

Hay gente que no lo celebra.
Y también está bien.

Hay gente que lo celebra a su manera.
Y también está bien.

Hay gente que lo celebra con humor:
“Feliz San Valentín, te regalo que hoy pongo la lavadora.”
Y oye… eso a veces es romanticismo del bueno.

El problema no es San Valentín.
El problema es la presión.
La idea de que si no hay regalo, no hay amor.
La idea de que el amor se mide en euros.
La idea de que una fecha valida lo que el día a día no sostiene.

Y aquí entra lo de la repetición, que es donde ocurre la magia.

La repetición cambia patrones.
La repetición reeduca el corazón.
La repetición enseña al cuerpo que está seguro.
La repetición construye confianza.

No se construye amor con un golpe de efecto.
Se construye amor con pequeñas acciones que vuelven.
Que vuelven.
Que vuelven.

Y si estás en pareja, esto puede ser un regalo enorme:
hablarlo.

Hablarlo sin pelea.
Hablarlo sin ironía.
Hablarlo como adultos emocionales.

“Para mí esta fecha significa algo.”
“Para mí esta fecha se siente comercial.”
“Para mí el amor se demuestra de otra forma.”
“Para mí un detalle me ilusiona.”
“Para mí la obligación me apaga.”

Y entonces hacen un acuerdo.
Un acuerdo real.
Un acuerdo que tenga sentido para ustedes.

Porque sí:
con un acuerdo, puede ser compatible.

Puede ser:
“Lo celebramos, pero sin presión.”
“O lo celebramos con una carta, no con compras.”
“O lo celebramos otro día.”
“O no lo celebramos, pero nos cuidamos más esa semana.”
“O lo celebramos haciendo algo simple: paseo, manta, peli.”
O “lo celebramos siendo más amables, más presentes, más nosotros.”

Y eso sí sería coherente.

Porque al final, el amor no se demuestra cuando toca.
Se demuestra cuando cuesta.
Cuando hay cansancio.
Cuando hay rutina.
Cuando hay diferencias.
Cuando no hay público.

Ahí.
Ahí se ve.

Así que hoy te dejo una pregunta, suave pero directa:
¿qué prefieres?
¿Un día perfecto…
o una vida habitable?

Porque el amor de verdad no hace ruido.
Hace hogar.

Y el mejor San Valentín…
suele ser el que no se compra.
Suele ser el que se repite.

Un poco hoy.
Un poco mañana.
Un poco cada día.

Y eso sí cambia todo.